No es tu culpa: cómo la Ley Ema protege a chicos y adolescentes frente a la violencia digital

La violencia digital ya no es un problema menor: puede afectar la autoestima, la intimidad y la salud emocional de chicos y adolescentes. La Ley Ema, sancionada en la provincia de Buenos Aires, busca prevenir, intervenir y responsabilizar a quienes agreden, no a quienes sufren.


Durante años, muchas agresiones digitales se minimizaron como ‘bromas’ o ‘chismes de grupo’. Pero detrás de una captura viral, un deepfake, una foto íntima difundida sin consentimiento o un insulto constante en redes, hay una persona que puede sentir vergüenza, aislamiento y miedo.

Por eso la Ley Ema no puede leerse solo como una norma fría: es una herramienta para que escuelas, familias y autoridades actúen antes de que la violencia se naturalice. Su foco está en prevenir el ciberacoso, la humillación, la creación de contenidos falsos con inteligencia artificial y la difusión de imágenes íntimas sin autorización, especialmente en el ámbito escolar.

La clave está en cambiar el mensaje: cuando alguien es victimizado, la responsabilidad no recae en quien tuvo confianza, compartió una imagen o fue humillado. La responsabilidad está en quien difunde, manipula, amenaza o convierte una agresión en contenido público. Las instituciones educativas tienen un rol importante porque pueden detectar señales, activar protocolos, acompañar a estudiantes y familias y generar entornos digitales más seguros.

Un paso concreto es que las escuelas no solo reaccionen cuando el conflicto explota: deben enseñar ciudadanía digital, explicar qué es consentir, qué es una imagen íntima, qué hacer ante un deepfake y cómo denunciar sin revictimizar. También conviene que las familias conversen con los chicos sobre privacidad: no guardar capturas de humillaciones, no reenviar contenido agresivo y pedir ayuda temprana.

Tips para poner en práctica:

  • Si una imagen íntima o un deepfake circula, no la reenvíes ni la comenten como ‘broma’: guarde evidencia, avise a la escuela y, si corresponde, a las autoridades.
  • Antes de subir o compartir algo, pregúntate: ¿esta persona consentiría que se difunda? ¿Puede generar daño o vergüenza?
  • Crean un ‘plan familiar digital’: reglas claras sobre uso de redes, canales de apoyo y pasos para denunciar sin exponer más a la víctima.

Fuente: Proyectando mi Mejor Versión