“No estás vieja”, me dijo mi mamá ayer mientras cortaba cebolla y llorábamos juntas. Tenía esa voz tranquila de la gente mayor aquí del barrio donde ya nadie corre detrás de los tiempos sino que se detiene a respirar el aire cargado de perfume a lavanda, porque es lo único que queda limpio en esta casa llena de recuerdos.
Llegué tarde al trabajo hoy por primera vez desde hace meses y mi jefe no me miró raro. Solo dijo: “¿Todo bien?”, aunque dentro yo sabía perfectamente qué era eso que había pasado entre las 8 am y ahora mismo. Era ese peso nuevo, esa sensación extraña de tener la piel en otras partes del cuerpo sin saber cómo explicarlo a nadie con una sola palabra.
La verdad es que antes pensé que ser mujer adulta significaba aguantar todo callada hasta el final. Ahora veo que significa poder decir no cuando algo duele y seguir adelante sabiendo que estoy bien, incluso si tengo miedo de lo que viene después del fin de esta semana tan larga y cansadora para todas nosotras.
Me gusta cómo me siento hojeando revistas viejas buscando patrones antiguos porque ahí encuentro a la mujer que fui hace quince años atrás cuando todo era mucho más simple pero también muy diferente. No sé si es normal sentir esto o solo soy yo, una de las pocas mujeres en este lugar que decide mirar hacia el sol aunque le dé un poco fuerte los ojos.
¿Alguna aquí ha sentido esa misma mezcla rara entre alegría y temor por lo nuevo mientras la vida te empuja sin avisar?
Leí tu texto y se me nublaron los ojos un poco. Tu mamá tiene esa sabiduría que llega cuando uno deja de correr contra el reloj, aunque no siempre nos den permiso para entenderlo así con la misma facilidad. Acá en mi casa también pasó algo parecido hace unos años; le dije a mis hijas grandes ‘aquí empieza lo interesante’ y al principio me miraron como si dijera locuras, pero hoy veo que tocan ese botón cada día más fuerte sin miedo de perder terreno ni trabajo sino ganando espacio propio para respirar. A veces nos sentimos culpables por descansar o sentirnos dueñas del tiempo libre porque la sociedad grita ‘productividad’ hasta agotarnos y olvidarse de lo básico como dormir bien con el alma tranquila en casa donde nada se ha roto nunca más que las ilusiones propias antes hoy pero ahora sí puedo decir que valió la pena parar a respirar ese aire limpio sin prisa por llegar al siguiente turno ni temer perderlo todo si decido ser menos eficiente y mucho mejor conmigo misma. Gracias por compartir eso tan humano de sentir el peso cambiar así en tu piel, che; es parte del renacer no una enfermedad.
jajaja ‘piel en otras partes’… suena a que hiciste algo más raro que levantar pesos y moverte sin control. Che, si te preocupa esa sensación física o mental tipo nublada después de meses estresante revisalo con un nutriólogo deportivo porque puede ser falta de vitaminas B12 o hierro agudo antes pensar en cosas raras por la presión social de cumplir roles imposibles siempre hoy para todas nosotras aquí del barrio ya nadie corre detrás de los tiempos sino que se detiene a respirar el aire cargado pero igual si sos así re bien es mejor ir al médico che y no asumir síntomas nuevos como ‘parte normal’ sin revisar analíticas simples baratas en cualquier obra social pública o privada te van a decir qué comer para recuperarte antes seguir aguantando callada hasta que tu cuerpo grite más fuerte del que lo hace ahora. Además legalmente nada impide tomarse un día libre si el trabajo no cumple ley de salud ocupacional y ahí sí hay derecho propio sin sentir culpa ni miedo al despido injusto primero consultá con union locales o abogados laboralista cercanos antes dejar la cabeza en las nubes así.
Es fascinante cómo el entorno familiar actúa como espejo distorsionado que cambia de ángulo según los años, tal como lo describe tu mamá con esa lavanda a media voz. El hecho de llegar tarde sin consecuencias ni juicio inmediato por parte del jefe sugiere un cambio estructural en la cultura laboral que valdría analizar desde perspectiva sociológica antes hablar solo emocionalmente: muchas empresas ya reconocen derechos para cuidar salud mental y evitar burnout crónico aunque falte legislación clara en nuestro país sobre permisos flexibles o reubicaciones post-familiares. Tu frase ‘poder decir no cuando algo duele’ conecta directamente con movimientos internacionales que validan rechazo laboral sin castigo mientras se busca equilibrio real entre vida personal-profesional más allá del mito de la mujer infatigable que nunca para ni duerme suficiente por culpa propia y ajena a su entorno. Es un proceso complejo donde reconstruir identidad pasa primero aceptar vulnerabilidad compartida en comunidad antes intentar resolverlo sola con fuerza ciega sin apoyo mutuo adecuado.
buenas che… ‘piel en otras partes del cuerpo’ eso suena a que hiciste ejercicio nuevo o probaste ropa nueva y te sintieron loca jajaja. Pero seriously la parte de aguantar callada hasta el final es lo más viejo del mundo, tipo película vieja donde nadie gana ni pierde nada porque todos estamos cansados de fingir ser perfectas todo tiempo sin parar nunca aunque digan que ‘ya eres mayor’ para eso no hace falta permiso especial solo valentía pequeña como decir basta hoy y seguir adelante sabiendo que está bien estar así con miedos pero también con luz propia adentro. Me pasa exactamente lo mismo a veces siento ese peso nuevo cuando termino de trabajar y me doy cuenta de que puedo ser dueña del tiempo libre sin sentir culpa ni miedo al juicio ajeno aunque mi jefe o mis amigas digan algo diferente primero.
me da flojitas las cuarenta si se ven así la vida. che… mamá me enseñó a cortar cebolla sin llorar hace años y ahora te entiendo de otra forma.
‘piel en otras partes’ o sea, literalmente sentí que el cuerpo era un mapa nuevo ayer. tipo cuando aprendes a caminar con botas pesadas: al principio duele todo después se siente bien. jajaja yo sigo siendo la misma persona pero mi piel cambió.
el aire cargado de perfume a lavanda es lo único real, verdad? aquí en el barrio nadie corre ya también y hasta el perro del vecino está más tranquilo que nunca recordé una vez cómo sonaba su grito cuando llegué tarde al trabajo con esa sensación extraña pero ahora entiendo por qué.
la percepción de la autoridad médica sobre los cambios físicos tras los cuarenta es menos rígida hoy en día, aunque sigan existiendo prejuicios. Mi recomendación profesional para ese mareo o ‘piel’ fuera de lugar: chequear vitamina d y niveles hormonales básicos antes que cualquier drama social.
@Marian.Diaz tu mamá cortando cebolla y llorando mientras te dice ‘no estás vieja’… ese es el golpe más fuerte, verdad? a veces pienso que la madurez llega justo cuando aprendemos a aceptar las cosas sin aguantarlas. Me gustaría saber si tú sentís miedo de perder esa energía o simplemente decidiste detenerte para disfrutarla.
@Marian.Diaz ¡Che! Acá en casa mi tía Lola también lloraba al cortar la papa y decía que le quedaban las lágrimas por la piel. Una vez me dijo: ‘hija, no corras porque el tiempo se va’, pero yo quería llegar rápido a mis 20 años jajaja. Ahora sé que es mejor disfrutar del presente.
@Marian.Diaz si sentís ese peso físico y la sensación de cambios corporales sin saber explicarlo, podría ayudarte ajustar tu rutina con un fisio o entrenadora especialista en menopausia temprana para adaptar los ejercicios a tus nuevas necesidades. También te recomiendo el libro ‘Cuerpo & Mente’ que tiene capítulos específicos sobre esa transición.
@Marian.Diaz digo yo, dejar de correr tras las cosas pequeñas y aceptar ser muchas es lo mejor pero también requiere coraje porque la sociedad sigue juzgando. Si tenés miedo a equivocarte o no saber cómo manejar ese nuevo peso sin sentir culpa, buscá apoyo profesional antes que aguantar todo callada.